Un corte de pelo puede no significar nada. O puede significarlo todo. Me explicaré. O por lo menos voy a intentarlo. A Sansón, la melena le otorgaba fuerza. En mi caso creo que ha sido lo contrario. Durante bastante tiempo (cerca de dos años) he dejado mi pelo crecer hasta acercarme sospechosamente a la descripción de un Aragorn cualquiera. Es difícil explicar una imbecilidad tan imbécil como la que voy a explicar, sin que parezca que acabo de salir del psiquiátrico de Arkham, pero el caso es que durante este tiempo creo que mi pelo ha ido absorbiendo parte de mi energía. Como una especie de parásito viviendo a costa de mi fuerza. Parece absurdo, y de hecho lo es, pero es la sensación que me venía persiguiendo últimamente.
Una pereza excesiva, lentitud a la hora de reaccionar ante determinadas situaciones, escasez de fuerza de voluntad, cobardía, inseguridad, baja autoestima (o autoestima cero) son algunos de los síntomas que acechaban en cada esquina. Hace un par de años que mis lápices no ven la luz, encerrados en sus estuches. Hace mucho tiempo que no escribo historias en Neosite, a pesar de que un buen día intenté reaccionar. Pero mi pelo se había hecho con el poder mientras yo miraba las nubes, y ya era demasiado tarde para reaccionar. Había sucumbido a la tiranía de mi lado negativo, y la vida tenía un color grisáceo, cargada de mediocridad.
Hoy me levanté temprano, me acerqué al espejo y supe lo que tenía que hacer. Y mientras me dirigía a la peluquería podía escuchar los gritos de mi yo oscuro, amenazando con desterrarme para siempre de mi propia vida, imprecando, con las puntas afiladas y siniestras. Y ya en la puerta de la peluquería me he cargado de valor, he alejado las aciagas amenazas de mi oscuro yo y me he acercado a la peluquera. Lo quiero corto. Corto. He dicho. Con una mirada cómplice, ella ha asentido y ha comenzado a cortar. Ha cortado y cortado y cortado, mientras oía en la lejanía los desgarradores gritos de mi oscuro yo, moribundo. Unos minutos más tarde, un leve (recordemos que estoy en Holanda) rayo de sol ha salido de entre las cenicientas nubes.
Lo he conseguido. Después de dos años, he roto las cadenas que me mantenían esclavo de la mediocridad y la pereza, de la desilusión y la falta de voluntad. Hoy he resurgido de mis cenizas, más fuerte que nunca, cargado ilusión por las cosas que un día fueron mis sueños. Hoy, un buen corte de pelo, como ya le ocurriera a Sansón, lo ha cambiado todo, pero esta vez para bien.
Jean-Sébastien Rossbach
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