A vivir a otro planeta
Cada vez que leo acerca de las investigaciones sobre la viabilidad de establecer bases habitables en otros planetas no puedo evitarlo y caigo en las vastas redes de la imaginación dándole vueltas al asunto como si de una novela de ciencia ficción se tratara. Colonias espaciales autosuficientes bajo cúpulas con un ecosistema capaz de generar todo lo necesario para la vida humana, transbordadores espaciales… Y a pesar de que soy consciente de que simplemente estoy soñando despierto, cada vez más aparecen noticias que apuntan en esa dirección.
Esta vez ha sido la noticia de que un grupo de científicos en colaboración con la NASA están experimentando con microorganismos en un entorno que emula las condiciones de la superficie de Marte. Estos experimentos señalan que dichos microorganismos sobreviven semanas en condiciones cercanas a las del planeta rojo, y aunque estos organismos no son plantas, constituyen un primer paso para hacer crecer lechugas en Marte. Y hacer crecer lechugas, o lo que sea, es uno de los muchos pasos a llevar a cabo en la terraformación de un planeta.
La terraformación de un planeta consiste en modificar las condiciones que impiden que sea un planeta habitable. En el caso de Marte elevar la temperatura o convertir su atmósfera en aire respirable por el ser humano son dos de los procesos necesarios.
Y ya que hace unos días acababa de leer Dune (al igual que Alejandro), esto me trae de vuelta a uno de los aspectos clave de la historia, que no es otro que el proyecto iniciado por el planetólogo imperial Keynes con la intención de terraformar Arrakis, introduciendo pequeños cambios en el ecosistema del planeta que con el tiempo facilitarían las condiciones de vida.
Y por supuesto, al pensar en todo esto aparecen cuestiones como: ¿Debe el hombre colonizar otros planetas? ¿Debe hacerlo, después de demostrar que es incapaz de mantener un desarrollo sostenible en la Tierra? Visto así, sería como si cambiamos de casa cuando está insufriblemente sucia, sin haber hecho el esfuerzo de limpiarla jamás.
Pero, y aquí vuelvo a apoyarme en el sentido visionario general de la ciencia ficción, cada día aparecen nuevas tecnologías que se leyeron por vez primera en las páginas de la novela de un autor con una imaginación desbordante.
¿Será que son precisamente los libros de ciencia ficción, o más concretamente sus autores, los artífices del futuro de la humanidad? ¿Será que inconscientemente seguimos los pasos que marcan sus historias? ¿Será esto un mayúsculo Gran Hermano, o The Matrix, donde somos simplemente peones de un juego inconmensurable? Lo veis, ya vuelvo a soñar despierto…
Buscando algo más de información sobre el tema he encontrado dos excelentes reportajes escritos por Ignacio Escolar:







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